Dinamización de la exposición «El paisaje en la colección Gerstenmaier».
Esta dinamización se desarrolló en el Espacio cultural CajaCanarias La Palma durante enero y febrero de 2014. Dirigida a centros escolares desde infantil a primaria, esta actividad trataba de acercar a los alumnos a un ámbito muy concreto de la historia del arte: el paisajismo español de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglos XX.
La cuestión fundamental residía en encontrar un equilibrio adecuado entre la transmisión de unos contenidos histórico artísticos tan específicos y el uso del arte al servicio de otros conocimientos más generales en consonancia con las necesidades escolares
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La actividad comenzaba con una breve introducción al paisajismo usando como recurso un kamishibai que ilustraba las tipologías de paisaje y cómo este había pasado de «fondo del cuadro» a género independiente.
A continuación iniciabamos un recorrido cronológico por varios estilos historicos aprendiendo a reconocer sus características básicas. Es necesario apuntar que lógicamente la carga de contenidos se adaptaba a cada nivel académico.
Sin embargo, las pinturas no sólo eran un gran testimonio de su época sino que muchas veces se convertían en el pretexto ideal para escapar de la sala, transportarnos a lugares evocativos, a otros tiempos y hasta a otros climas.
–Romanticismo con parada en Egipto: un cuadro de Genaro Pérez Villaamil nos daba varias pistas claves para reconocer el estilo pictórico. Un paisaje grandi
locuente, inventado, en el que se introducen ruinas y al que el pintor incluye figurillas humanas en primer plano que son simplemente de relleno. Pero ¿cómo podemos saber que es un paisaje inventado? La respuesta está en la observación: el paisaje supuestamente representaba Egipto, sin embargo si nos fijábamos bien al fondo aparecían unas ruinas clásicas que no encajan en el lugar, algo que nos daba pie a comparar las dos culturas y además nos llevaba a una interesante reflexión. El pintor se inventó el paisaje porque nunca estuvo allí, no podemos representar fielmente un lugar si no lo hemos visto pero por otro lado esto da una libertad enorme a nuestra imaginación.
-Realismo al ritmo de Vivaldi: con el este estilo llega la necesidad de captar lugares reales por lo que los pintores empiezan a salir a pintar al aire libre (algo que abordaremos más adelante) y las esc
enas empiezan a ser más convincentes. Nos deteníamos en cuatro pinturas de Martín Ricco que representaban la ciudad de Venecia, este era un momento perfecto para salirnos del tema y aprender muchas cosas sobre la Serenissima y otra cosa más, aprender a leer la época del año representada en los cuadros ayudados por un veneciano ilustre, Vivaldi y sus cuatro estaciones.
-Impresionismo y practicidad: Tras el Realismo tocaba abordar el Impresionismo y meternos de lleno en la pintura a plein air. Pero surge una duda: ¿hasta ese entonces a los pintores nunca se les había ocurrido salir a pintar al exterior? Sí, pero había muchos obstáculos que lo impedían. Visualizar una imagen del cuadro “Buenos días señor Courbet” de G. Courbet nos ayudaba a entender esos obstáculos, pero en realidad, el mejor modo para alcanzar la comprensión era ponernos en la piel de los pintores antiguos.
En cada sesión un alumno se pertrechaba para salir a pintar imaginando que era un pintor anterior al siglo XIX. Eso conllevaba que tendría que cargar con un pesado trípode no plegable y tendría que preparar y transportar sus pinturas ya que los óleos aún no se podían comprar en tubos. Además tendría que pensar que no tiene coche o tren para marcharse al campo y transportar todos los materiales que necesitaba. La conclusión es evidente: con tanta dificultad a cualquiera se le quitan las ganas de pintar.
-Postimpresionismo. Al acercarnos al Impresionismo los alumnos comprueban cómo cambia la pincelada por la urgencia de captar la luz del paisaje. En el Postimpresionismo entra en juego un nuevo elemento: la mirada subjetiva del pintor. El artista ya no es un testigo pasivo que intenta capturar el paisaje como una cámara fotográfica, sino que empieza a imprimir al cuadro su propia personalidad.
Taller didáctico.
Tras tanta teoría -aunque presentada mediante narraciones, ejemplos y juegos- llegaba el turno a la práctica. Ya habíamos hablado un poco de la relación entre la pintura y la fotografía y cómo ésta última había parecido casi una amenaza para los pintores.
Para nosotros la suma de fotografía y pintura podía resultar de lo más interesante. Por eso, tomando como campo de escenografía el patio de la sala, en cada sesión recreábamos, con algunos elementos básicos, un paisaje de jardín de Santiago Rusiñol. Una vez compuesto nuestro paisaje capturábamos una fotografía para posteriormente transformarlo mediante la aplicación PicArt en una imagen de apariencia pictórica.
La segunda parte del taller llevaba esta voluntad de transformar una foto en una pintura más allá. Cada alumno tomaba una postal con un paisaje y aplicando sobre ella tempera, a pequeños golpes de pincel conseguía un efecto de pintura impresionista en el que se lograba la apariencia de pincelada suelta sin perder la referencia fotográfica que mantenía el realismo de la imagen. Todas las postales pasaron poco a poco a formar parte de un gran mural de paisajes y al finalizar la exposición cada postal fue expedida a su dueño.
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Impresiones generales:
Se trataba de un reto al tener que dinamizar una temática artística muy específica y generalmente considerada monótona. Sin embargo la fórmula de alternar contenidos artísticos especializados con conocimientos generales del mundo dieron un muy buen resultado, los alumnos mostraron un grado muy alto de implicación y participación en las actividades propuestas.
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