La labor fue desarrollada de forma coordinada con dos grupos: uno de niños de 6 a 10 años guiado por mí y otro de 11 a 14 años guiado por mi compañera Nazaret Martín Gil.
Como primer paso se habló a los alumnos de las islas de la basura, masas de residuos de proporciones gigantescas que flotan en nuestros océanos y que son el producto directo de la inconsciencia del ser humano. El tema impactó profundamente a los alumnos que comenzaron a mirar su entorno con otros ojos, escrudiñaban las playas y los montes y cada día nos daban buena cuenta del estado de aquellos lugares que visitaban. Incluso algunos padres nos comentaban la persistencia con la que los niños hablaban de la necesidad de reciclar.
Ya conocían el problema, pero ¿podríamos hacer algo para solucionarlo? ¿Podría ser el arte una herramienta útil para ello? Con estas cuestiones propusimos a los niños crear obras de arte específicas para denunciar el problema de la contaminación marina y componer una exposición abierta al público con todas ellas.
El proceso creativo se desarrolló en 3 sesiones en las que los alumnos se encargaron de absolutamente todo: obras, paneles informativos, cartel e incluso invitaciones.
Esta propuesta tenía una intencionalidad múltiple:
– Afianzar el autoestima de los niños cuyas obras se presentaban al público y otorgarles el papel de educadores que lanzan un mensaje a la sociedad mediante el arte.
-Fomentar una actitud activa, creativa y positiva de los alumnos frente a los problemas sociales. Es cierto que a lo largo de su vida se enfrentarán a muchos problemas que no podrán solucionar pero eso no les exime de intentar aportar su granito de arena.
-Interiorizar la temática planteada de un modo más profundo al transformarla en un proyecto artístico concreto, en algo que los alumnos hicieron propio.
-Fomentar el trabajo en equipo y el respeto por las ideas aportadas por los demás.
Resultado y repercusión.