La exposición “Afinidades y divergencias. Creadoras en Canarias” supuso una oportunidad excepcional al poder crear y ejecutar el proyecto en todas sus facetas, desde comisariado a montaje y didáctica. Ello suponía que no sólo desarrollaría la muestra a nivel teórico y la vería materializarse sino que tendría el importante papel de transmitir los contenidos al público.
Se trataba de una exposición colectiva, interdisciplinar e intergeneracional por lo que se presentaban múltiples campos de actuación a la hora de abordad la labor didáctica. Sin embargo primaba un aspecto fundamental, era una exposición de género, por lo que remarcar los valores de igualdad sería la piedra angular de toda la actividad.
La didáctica se iniciaba con una reflexión ¿Cuántos artistas conocéis y cuántos de ellos son mujeres? Tras describir brevemente el papel de la mujer en la historia del arte, se relataba la situación actual en la que, si bien encontramos la misma cantidad de artistas hombres que de artistas mujeres, los primeros siguen siendo más conocidos que las segundas.Para remediarlo proponía a los alumnos sumergirnos en el universo de 20 artistas féminas totalmente distintas y que sin embargo coincidían en materiales, formas de expresión o temáticas.
Algunas piezas tenían como punto en común el uso del textil motivo por el que nos adentramos en la relevancia del tejido a lo largo de la historia –siempre asociado al ámbito femenino y doméstico- a través de diversos personajes clásicos como Aracne, Penélope o las Moiras.
Éstas últimas además servían de pretexto para presentar a una de las pocas artistas reconocidas de la antigüedad: Safo, ya que se relataba a los alumnos el mito de su ascenso al helicón, cuyo punto de partida comenzaba precísamente con las Moiras cortando el hilo de la vida de la poetisa.
Otro de los aspectos clave era la danza y el uso del cuerpo como modo de expresión, éste fue para muchos de los alumnos el primer contacto con el videoarte, la danza contemporánea o la performance y dicho contacto resultó ser de lo más fructífero. Tras visionar la videoperformance “Voluntario” de la bailarina y artista Élida Dorta en el que la protagonista interactuaba libremente con una silla se planteaba a los escolares un ejercicio similar: tumbarse en el suelo de la sala y moverse de forma espontánea al ritmo (o no) del Claro de luna de Debussy.
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La intención era por un lado desacralizar el espacio expositivo convirtiéndolo en un entorno cómodo y apropiable y por otro fomentar una conciencia de las sensaciones y el movimiento propio más allá de la timidez. Éstos objetivos resultaban más fáciles de alcanzar con los grupos de educación infantil y primeros ciclos de educación primaria, logrando en ocasiones momentos tan mágicos como los capturados EN ESTE VÍDEO.
Tras este ejercicio pasamos a contraponer dos piezas en las que subyace la relación entre el autoestima femenina y el aspecto físico. Dialogamos un poco sobre la presión social que se ejerce sobre la apariencia estética y cómo la moda que a priori debería hacernos sentir guapas en ocasiones resulta una fuente de complejos y hasta una tortura si analizamos la incomodidad de algunas
prendas.Justo en este punto algunos de los alumnos y más de un profesor comprobó el precario equilibrio de unos tacones de aguja o la opresión que ejerce un corsé.
Por último como paso previo al taller didáctico nos deteníamos en la instalación mural “Telepasiones” de la artista Violeta Caldrés. En ella, mediante ilustraciones recortadas de aire naif se representaban tres telenovelas muy conocidas en Canarias. Éstas conformaban un mapa de relaciones intrapersonales el que el dolor, el dinero y la agresividad -leída en términos positivos como pasión- son inherentes al amor.
Teniendo en cuenta que ese tipo de series solían ser visionadas por muchísimas niñas, éstas se convertían en modelos de comportamiento a imitar, por ello no es de extrañar que los recortables emulen a pequeñas muñecas Mariquita, a juguetes infantiles. Pero ¿seguían los niños canarios consumiendo telenovelas? Tristemente pude comprobar que se seguían alzan
do muchas manos al realizar esta pregunta. A continuación comparamos las telenove
las con los cuentos tradicionales y en seguida encontramos similitudes a la hora de marcar dos tipos fundamentales de mujer: la buena y la mala.
Era el momento de cambiar las tornas haciéndolos reflexionar: la buena es casi siempre una mujer frágil, sumisa y apocada y sin embargo la mala suele ser una mujer fuerte, independiente y decidida ¿debería ser así?
Taller didáctico:
Las ilustraciones de Violeta Caldrés eran el punto de partida perfecto para recrear una Mariquita recortable que los alumnos componían usando una gran variedad de elementos: desde tipologías de cuerpo, rostro o cabellos, hasta atributos de carácter, aficiones, profesiones, objetos domésticos o recortes de revistas de moda. Todos estos elementos estaban pensados para generar una elección libre de los alumnos a la hora de componer su muñeca.
Sorprendentemente el proceso de ejecución, sin dejar de ser reflexivo, era fluido e intuitivo ya que los niños no solían dudar de su elección. A primer golpe de vista (en cada mesa se disponían todos los elementos recortables) seleccionaban qué atributos iban a identificar a su muñeca y al mismo tiempo descartaban con rotundidad aquellos que no les parecían atractivos.
Pero, más allá de un simple planteamiento estético, surgió de manera espontánea una faceta sugestiva que resultó ser lo más interesante del taller. Aunque en principio las Mariquitas no pretendían representar a nadie en particular, muchas veces se concretaban en el retrato de algún miembro femenino de la familia de los alumnos y eran capaces de explicar con detalle el por qué de cada elemento. En otras ocasiones los alumnos dotaban a su muñeca de personalidad propia y no sólo le asignaban un nombre sino que creaban para ella una historia y personalidad.