VanItas, vanitatum et omnia vanitas Eclesiastés 1:2.
[…]Todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa.
Importa como eterno gozar de nuestro instante.
Yo no te envidio, Dios; déjame a solas
Con mis obras humanas que no duran:
El afán de llenar lo que es efímero
De eternidad, vale tu omnipotencia. […]
Las ruinas, Luis Cernuda.
Viveka Goyanes se licenció en BBAA en Pontevedra en 2005, para más tarde completar su formación en Diseño de Moda en el IADE de Madrid y fundar su firma de moda “Amoelbarroco”.
La trayectoria artística de Viveka Goyanes se caracteriza por su peculiar mirada al pasado, aunque a priori su trabajo pueda estar más orientado al mundo de la indumentaria, lo cierto es que su planteamiento se mueve en un ámbito más complejo al considerar la construcción de la imagen corporal, un modo de expresión artística. De ahí que su campo de acción traspase las líneas de la moda para extenderse al de la fotografía, la escenografía y el vídeo tal y como vemos en esta muestra monográfica.
Al ser la imagen corporal la obra misma, ésta es necesariamente temporal, necesariamente decadente, de modo que las ideas de vanitas, tempus fugit y memento mori parecen siempre presentes en este juego de recuperaciones del pasado. La selección de obras planteada por la comisaria Patricia Martín Lorenzo, permite no sólo sintetizar el recorrido artístico de la autora sino también desarrollar un discurso expositivo en torno a estos conceptos, especialmente el de vanitas, como elemento de reflexión.
Vanidad como principio motor de la moda y a la vez como concepto recuperado de la tradición histórica –vanitas vanitatum et omnia vanitas– que nos recuerda la fugacidad de los bienes mundanos y de la belleza misma. En esa dualidad entre la cruel voracidad del tiempo y la irresistible atracción hacia lo bello -no en vano, Giacomo Leopardi, declaró a la moda la hermana de la muerte, ambas hijas de la caducidad- sitúa la artista su campo de trabajo e investigación.
Sus influencias se mueven a través de un amplio repertorio de tendencias artísticas de muy variada índole. En lo que a moda se refiere, sus diseños recogen ecos historicistas que van desde el Barroco hasta los años veinte del siglo pasado, pasando por el decadentismo y el orientalismo. Ecos que se solapan, reinterpretados, a tendencias urbanas más recientes como los teddy boys de los años cincuenta, el punk de los setenta y el gótico de los ochenta.
Remiten además, a toda una mitología propia en la que se aglutinan elementos tan dispares como el cómic, el mundo circense o la piratería y en la que el común denominador siempre es la extrañeza, el exotismo de lo inusual, por un lado, y por otro lo siniestro como algo inherente a lo cotidiano- según la definición freudiana-, que se cuela en forma de guiños kitsch o macabros, siempre con una estética moderada y muy cuidada.
En cuanto a construcción de la imagen y uso del cuerpo como proyección de un personaje –que cuenta con la ambigüedad de poder ser canal de expresión de una personalidad o por el contrario un cuidado sistema para ocultarla- se remite a personalidades que van desde O. Wilde o la marquesa Casati hasta el controvertido Leigh Bowery.
En sus representaciones visuales reconocemos la huella de fotógrafos como Sara Moon, Deborah Turbeville y Erwin Olaf, o pintores como Ray Caesar.
Tanto en las imágenes más neutrales como en las que se juega con un escenario más teatralizado siempre se implantan elementos que inducen a la sorpresa, a lo inesperado o lo extraño y estos casi siempre gozan de un tinte funesto muy estetizado.
La muestra se cierra con la instalación “La esencia del tiempo” concebida a modo de capilla introspectiva consagrada a la fugacidad de la belleza y a la vanidad. Un espacio opresivo presidido por una proyección homónima que podría retrotraernos a las danzas de la muerte bajo medievales y acompañada por el latido ineludible de medio centenar de relojes que, camuflados en las paredes nos recuerdan la finitud de la belleza y de la propia vida. Sobre los visitantes, una vorágine de indumentarias retorcidas evocan las rupturas de cielo manieristas y barrocas.
Patricia Martín Lorenzo.